Ni bien el fiscal militar, capitán de corbeta Máximo Lupérdiga Mendoza, terminó de interrogar al agente de la Dirección de Inteligencia de la Marina (DIM) técnico de tercera Alfredo Domínguez Raffo, ordenó que lo encerraran en prisión. Con 20 años de experiencia en la DIM, especializado en elaborar análisis y redactar notas de inteligencia, Domínguez debió comprender que sus respuestas, en lugar de disipar sospechas, lo comprometían con un caso de espionaje. Alfredo Domínguez manifestó que personas de nacionalidad extranjera lo reclutaron para que enviara informes sobre la situación política y social del Perú, y que luego le aumentaron la paga para que les entregara reportes sobre la flota de la Marina de Guerra del Perú. Sostuvo las reuniones en Río de Janeiro y São Paulo, en Brasil, pero... ¿A qué país vecino nuestro podría haberle interesado la información que le pidieron al agente de la DIM? Alfredo Domínguez debió saberlo a la perfección.Los espías, para lograr su propósito, le aumentaron la tarifa a Domínguez.Por eso, primero le pagaron 500 dólares por los primeros informes, y luego le abonaron 1.500 dólares por cada nota relacionada con los buques peruanos. Para el fiscal naval, el capitán de corbeta Máximo Lupérdiga, el agente Domínguez sabía en lo que estaba metido y lo grave es que nunca informó de los hechos a sus superiores. (Edición sábado).