Entrevista a Beatriz Merino, ex Defensora del Pueblo y ex presidenta del Consejo de Ministros.Usted es una de las pocas personas reconocidas por su actividad privada y pública...Sí, pero este no es un logro individual sino de equipo, de los jóvenes que me acompañaron en la Sunat o en la Defensoría. Obviamente, también de mis padres.Alcanzó la más alta aprobación como jefa del Gabinete en el Perú y una reciente encuesta la ubica como presidenciable. ¿Qué reflexión le merece?Me sorprendí. No soy autoridad hace casi 4 años y fui primera ministra hace 12 años (…) eso me hace sentir muy agradecida y me lleva a pensar que el esfuerzo que hice dejó una huella. La gente lo recuerda y eso, créame, es muy grato.¿No le hace pensar en la posibilidad de participar en los próximos comicios generales?Creo que hace pensar a otros, más que a mí, en esa posibilidad. Creo que permanentemente están pensándolo y permanentemente me lo están preguntando.Hay acercamientos entonces.Bueno, siempre hay cantos de sirenas.¿De dónde vienen esos cantos? Prefiero no decirlo.¿De varios partidos?De diferentes lugares del espectro político por así decirlo.¿Y la quieren como cabeza de lista o para ser parte de una plancha presidencial?¿Cómo me quieren? No sé. Creo que soy objeto de sus deseos (risas). Pero sí debo decir que yo sirvo a mi país, como siempre he dicho, desde donde estoy. Soy una persona que todavía tiene energías para seguir trabajando y sirviendo. En segundo lugar hay muchas cosas por hacer en el país. Hemos avanzado, somos un ejemplo de resiliencia mundial, hemos superado las siete plagas; pero ni remotamente estamos donde deberíamos estar. Falta mucho aún....Sí, eso hay que tenerlo bien claro porque la complacencia es la peor compañía de los servidores públicos (…) es muy clara la insatisfacción ciudadana con el Estado. Mire usted las encuestas sobre qué piensa el ciudadano promedio de su Poder Ejecutivo, del Congreso o del Ministerio Público.Pero parece que la clase política no se da cuenta.Porque vive en una especie de burbuja donde la complacencia es el modus operandi. Se dicen los unos a los otros lo bien que estamos, excepto que su cliente, el ciudadano, no tiene la misma opinión. No es posible que después de años de crecimiento económico sigamos con una enorme mayoría en la informalidad. No vamos a llegar al primer mundo cargando esa informalidad. (Edición sábado).