COMPRA DE SATÉLITE DESCRIBE UNA ÓRBITA DE DUDAS
7 de noviembre de 2016

El satélite Perú SAT-1 provoca tanta desconfianza que es mejor observarlo con lupa. La misma noche en que fue lanzado, mientras el país aplaudía las imágenes televisivas del cohete que lo transportó hasta la exósfera terrestre, a 694 kilómetros de distancia, el Congreso de la República decidió investigar los detalles de su consecución. Ese episodio ocurrió el pasado 15 de setiembre y ahora pocos se muestran dispuestos a certificar la transparencia del proceso que les concedió a los franceses la construcción y puesta en funcionamiento del aparato, el cual costó una fortuna en soles.El registro de esta historia, salpicada de irregularidades y contradicciones, comenzó con la visita de Pedro Cateriano a París, el 10 de noviembre de 2012. El entonces ministro de Defensa anunció el interés del gobierno de adquirir helicópteros y un satélite.Esa declaración fue el comienzo de un conteo regresivo. "La cooperación (entre Perú y Francia) es terrestre, aérea, naval y satelital”, se lee en una carta de intenciones que también firmó el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian. Los hechos subsiguientes parecen las líneas de un libreto previsto hasta en sus mínimos detalles.El 15 de noviembre del 2012, Ollanta Humala ratificó los términos de esa cooperación con su homólogo François Hollande, y el 17 de diciembre de ese mismo año, tras una invitación oficial, un grupo de militares del Perú recorrió la fábrica de Astrium Defence and Space en la ciudad de Toulouse, a 600 kilómetros al suroeste de París. ¿Fue una mera coincidencia? En esa planta fue donde se terminó construyendo el Perú SAT-1.