Los llamados "Morenoaudios" dejaron en evidencia que el ex asesor presidencial Carlos Moreno Chacón tenía como práctica usar a los familiares de sus allegados para consumar contrataciones con entidades del Estado. Se le escucha decir, por ejemplo, que su hija Katica Moreno Sékula, y la de su amigo Lorenzo La Rocca, Flavia La Rocca Chiappe, serían parte de un negocio que tramaba entre la Clínica de Osteoporosis y el Seguro Integral de Salud (SIS), promovido por el mismo Moreno. Era una modalidad que también aplicaba en las contrataciones que realizaba el Hospital Nacional Loayza, donde ejercía notoria influencia.El sello del estilo de Moreno aparece en la compra de un lote de camas eléctricas que hizo el Hospital Loayza a la empresa Comercializadora JHS, para destinarlas al Departamento de Traumatología y a Cirugía General. De acuerdo con fuentes del nosocomio, a los 60 días las camas tuvieron que ser dadas de baja porque se malograron. La adquisición había resultado una estafa.A partir de este caso La República hizo el seguimiento al contrato y descubrió que la persona que representa a Comercializadora JHS es Johanna Hernández Oblitas, hija de Jorge Hernández Salazar, quien resulta ser socio y accionista mayoritario de ATEME S.A., una de las empresas del ex asesor presidencial Carlos Moreno Chacón.