En su primera semana como líder de la reconstrucción posfenómeno de El Niño costero, Pablo de la Flor verificó el nivel de destrucción en el norte. Luego de su viaje por las regiones afectadas, calificó la tarea que le aguarda como "el principal reto" de su vida profesional.¿Qué indicios positivos y qué aspectos pendientes pudo identificar en su primer viaje al norte como líder de la reconstrucción? El desastre desnudó lo peor del Perú: la improvisación y la mala calidad de obras realizadas, en muchos casos, con corrupción de por medio. La emergencia generó problemas pero, por ejemplo, la ausencia de sistemas de agua y saneamiento en el norte antecede al evento. No puede ser que el Perú, con tasas de crecimiento importantes, le haya dado la espalda al norte durante muchos años. Felizmente, la emergencia también reveló nuestra capacidad para movilizarnos en torno a un objetivo común.Es optimista respecto a la coordinación institucional. Sin embargo, existe un preconcepto difundido -en algunos casos errado- sobre la ineficiencia de gobiernos locales. Si bien algunos tienen récords de ejecución bajos, existen otros que superan el 90%. No hablaré de casos específicos, pero muchos incluso tienen niveles superiores a los de algunos ministerios. Uno de los grandes desafíos de la reconstrucción es fortalecer las capacidades de quienes tengan niveles bajos de ejecución.¿Puede garantizar que no se repetirá la experiencia fallida de Forsur? Sabemos por qué falló Forsur y no repetiremos esa experiencia. Además, recogimos las mejores prácticas internacionales.¿Cuál es la lección que tiene más presente? Evitar que el directorio sea una asamblea, en la cual es difícil decidir. Hoy las decisiones las toma la autoridad. El directorio de ministros hace el seguimiento y los gobiernos subnacionales son consultados. No tendremos éxito sin un trabajo conjunto.(Edición domingo).