Con la captura de Rodolfo Orellana Rengifo, en noviembre de 2014, se inició la desarticulación de una de las más grandes organizaciones criminales que ha conocido el país, según la hipótesis de la Fiscalía. Hoy, tres años después, el abogado ya cumple una condena de seis años de prisión por estafar al Estado y, junto a él, algunos miembros de su cúpula, que estaba integrada por sus más cercanos familiares. Pero ese es el menor de los delitos que Orellana afronta.Como señala en su investigación la fiscal de lavado de activos, Marita Barreto, la red que encabezaba Orellana Rengifo no era una banda criminal común. Y es que estaba conformada por profesionales de distintas ramas --notarios, árbitros, ex funcionarios, jueces y fiscales- que sabían cómo eludir normas y aprovechar vacíos legales para apropiarse de dinero y de bienes públicos y privados.Uno de los actos ilícitos que solía perpetrar esta organización criminal, por ejemplo, era la apropiación de terrenos.Según la Fiscalía, encontraban un predio con problemas legales, falsificaban la inscripción de la propiedad a nombre de un testaferro para que la posesión pase bajo su mando, empezaban el proceso de su remate para darle legalidad a su operación y el dinero de la venta se quedaba con ellos. Cuando el propietario real se daba cuenta, ya había perdido la tutela.