Con sus claras limitaciones, Pedro Francke pretendió actuar nuevamente como el bombero de la moderación para una izquierda radical, hoy bajo el sello de Juntos Por el Perú. Que en el último debate de equipos técnicos haya optado por plantear una ruta distinta a las bases ideológicas de la organización tiene una sola lectura: en el fondo, es plenamente consciente del retroceso al que las propuestas de Roberto Sánchez y su plan de gobierno condenarían al país. No existe otra explicación para su desmarque. El último domingo, con un tono de asentimiento evidente, como para no dejar espacio a la duda, Francke afirmó que, “desde luego”, piensan en la necesidad de promover la inversión privada. “Para eso estamos comprometidos. No habrá estatizaciones como nos quieren mentir acá”, refiriéndose a sus contrincantes. Sin embargo, los esfuerzos del exministro de Economía -quien con serios contratiempos llegó también a la administración de Pedro Castillo por apenas siete meses- intentan maquillar que el ideario de JPP presentado a las autoridades electorales al inscribir su candidatura y las declaraciones de Sánchez en la campaña colisionan con la inversión privada. El plan de gobierno de JPP sostiene, explícitamente, que la Constitución de 1993 favorece a monopolios y corporaciones extranjeras, que los contratos-ley subordinan al Estado frente a privados, que el arbitraje internacional perjudica al Perú y que el régimen económico actual impide la soberanía nacional. En sintonía con ese documento, Roberto Sánchez ha dejado claro en sus mítines su abierta hostilidad hacia el capital externo, evidenciando que le importa muy poco generar el ambiente y las garantías necesarias para que este apueste por el país.