Esta es la primera vez desde las elecciones del 2011 que el Perú va a las urnas en un contexto de crecimiento de doble dígito de la inversión privada. Otros indicadores económicos, como el empleo formal, la tasa de pobreza y la recaudación tributaria, vienen mejorando sostenidamente desde hace uno o dos años. ¿Pueden las elecciones descarrilar este impulso? Por supuesto que sí. De acuerdo con un reciente reporte del Instituto Peruano de Economía (IPE) publicado ayer en este Diario, tras el pase a segunda vuelta de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú (JP), el indicador de expectativas económicas a corto plazo del Banco Central de Reserva pasó por primera vez en 23 meses a terreno negativo. Como es evidente, menor confianza en la economía significa menos inversión privada, menos empleo de calidad y mayor pobreza. Pero esta secuencia necesaria de eventos no es algo que preocupe demasiado a quienes apoyan la propuesta política del plan de gobierno de JP. Este último, por ejemplo, es hostil a la inversión privada, amenaza con estatizar empresas y promueve el cambio absoluto de reglas de juego (de eso se trata, después de todo, una asamblea constituyente).