Por Óscar Urviola Hani, expresidente de Tribunal Constitucional. En estas elecciones generales hemos escuchado infinidad de propuestas relacionadas con la reforma del Estado y, sin duda, la del candidato Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) es la que más nos preocupa. Este postulante, con énfasis pero absoluta ignorancia, imprecisión e irresponsabilidad, propone la convocatoria a una asamblea constituyente para reemplazar la Constitución de 1993, aprobada por el Congreso Constituyente Democrático elegido por el pueblo y sometida a ratificación en un referéndum. En los más de 200 años de vida republicana, nuestro país ha transcurrido en la azarosa e interminable tarea de hacer y deshacer constituciones: ya sumamos 12. Algunas de vida efímera y otras más longevas, la mayoría con congresos bicamerales y solo tres con un Congreso unicameral, entre ellas la de 1993, que a la fecha tiene 33 años de vigencia pero más de 40 reformas, entre las cuales destacamos el retorno a la bicameralidad, recuperando la conformación tradicional del Parlamento desde el 28 de julio próximo. Como toda obra humana, la Constitución tiene imperfecciones superables mediante el procedimiento de reforma previsto en la propia Constitución, tarea que se ha observado, algunas veces con éxito y otras no, como la regionalización durante el gobierno de Alejandro Toledo, que en la práctica no ha funcionado, pese a los ingentes recursos que se les ha asignado a las regiones, lamentablemente sin capacidad de gestión.