Por Ronn. Cada campaña electoral tiene sus ofertas seductoras. Esta vez una de las más llamativas es la de Juntos por el Perú de elevar la remuneración mínima de S/1,130 a S/1,500 mensuales. La propuesta suena atractiva. Después de todo, todos queremos que los trabajadores ganen más. Sin embargo, en economía no basta con preguntarse quién recibe el beneficio -que ya es un problema porque el trabajador informal solo “mira y aplaude”-, sino que es indispensable preguntarse quién termina pagando el costo. El aumento propuesto equivale a casi 33%, una magnitud extraordinariamente alta para cualquier economía y particularmente riesgosa para un país como el Perú, donde más del 70% de los trabajadores se encuentran en la informalidad. La pregunta relevante no es si sería deseable que los salarios fueran más altos. La pregunta es si la economía peruana tiene la productividad necesaria para sostener ese incremento sin destruir empleo formal.