El último lunes, el candidato de Juntos por el Perú (JP), Roberto Sánchez, anunció un nuevo plan de gobierno. A diferencia de lo que podría pensarse, este no es una prolongación o una versión detallada de aquel que su agrupación sometió al voto popular en las elecciones del 12 de abril y por el que más de dos millones de peruanos apostaron, sino más bien una negación de este. Y, de paso, también una negación del discurso que el congresista Sánchez ha venido pronunciando en los últimos cinco años desde su escaño. Veamos algunos ejemplos. Si en el plan original que JP presentó se habla de una nueva Constitución con ‘premisas esenciales’, ‘prioridades nacionales’ y la “necesidad de anular los privilegios otorgados a los grandes monopolios”, en la versión edulcorada de esta semana se menciona una “Constitución de consenso”, “que involucre a todos los sectores y a la sociedad en su conjunto”. Como cualquiera sabe, una cosa es decir que se va a consensuar una nueva Carta Magna y otra muy distinta es imponer su contenido sobre la base de ciertas ‘premisas esenciales’. Por lo que suscribir ambas ideas es como tratar de soplar y sorber al mismo tiempo. Por otro lado, el nuevo programa menciona varias veces palabras como “estabilidad fiscal” y “estabilidad macroeconómica”, que nunca aparecen en el ideario original (donde la única “estabilidad” que se repite es, curiosamente, la “laboral”).