Oficialmente, la campaña para elegir al próximo presidente del Perú ha terminado. Ya no habrá más mítines ni actividades proselitistas de ningún tipo. El país entra así a un período de reflexión en el que más de 27 millones de votantes meditarán sobre cuál de las dos opciones que siguen en carrera es la mejor para conducir los destinos de todos nosotros por los próximos cinco años. Dentro de esas reflexiones, sin embargo, la primera que debería hacerse es sobre la importancia misma de ir a votar. El último 12 de abril, más de siete millones de peruanos no lo hicieron (el 26% del total), un porcentaje que no está muy lejos del 30% de ausentismo que se registró en la primera vuelta del 2021, cuando el país se hallaba sumido en la segunda ola de la pandemia (que fue, recordemos, la más mortal de todas) y millones de electores acudieron a votar bajo estrictas medidas sanitarias. Hoy vivimos una realidad completamente distinta y, aunque una parte del ausentismo de la primera vuelta puede atribuirse al desastre organizativo de la ONPE, es innegable que hay muchísimos votantes que todavía prefieren quedarse en casa el día de la elección por las razones que sean.