CIMA O ABISMO
7 de junio de 2026

Por Jaime de Althaus, analista político. Si este domingo gana Keiko Fujimori, el país entrará en un ciclo prolongado de alto crecimiento y rápida reducción de la pobreza gracias a las reformas de segunda y tercera generación previstas en su plan de gobierno. Esa es una oportunidad que el país no puede perder. Se ingresará también a una etapa de reforma de los servicios públicos y consolidación institucional que pondrá fin a la polarización antifujimorista que tanto daño ha causado. Es claro que un eventual gobierno de Keiko Fujimori respetará los poderes y el Estado de derecho no solo por convicción sino precisamente para atraer más inversión. Ella no es su padre. Ella ha formado un partido político en una democracia sin partidos. Impulsó la aprobación de la bicameralidad, que fortalece los controles horizontales de una democracia liberal y mejora la calidad de las leyes. Acabará entonces con el mito de un autoritarismo hereditario que busca perpetuarse en el poder. Ella es la primera interesada en reparar la imagen autoritaria que dejó su padre y respetar la Constitución que se aprobó precisamente en los noventa. Se terminaría así de reconciliar al fujimorismo con la democracia y con ello se pondría fin a una polarización que ha sido responsable del ciclo anárquico de los últimos 10 años y de tremendas injusticias y golpes institucionales que han tenido graves consecuencias. La política peruana tenderá a volverse más orientada a la colaboración y la alternancia política natural. (Edición sábado).