En una elección que definirá el rumbo del país por los próximos cinco años, que seis millones de peruanos hayan decidido no votar es, sencillamente, inaceptable. No es una cifra más: es una declaración colectiva de indiferencia, casi una señal de que el destino común no importa. Y si esa cifra ya resulta inquietante en el ámbito nacional, lo es aún más cuando se mira de cerca lo ocurrido en ciertos distritos de Lima. En Miraflores, el ausentismo superó el 29%; en San Isidro, pasó del 28%. Cifras similares se registraron en Surco (27,3%), Ate (29,5%), Barranco (26,5%) y Lince (27,3%). Es verdad que en los padrones de esos distritos figuran ciudadanos que residen en el exterior por razones de estudio o de trabajo o personas de avanzada edad. Pero, descontados esos factores, todo apunta a que cerca de la cuarta parte de los votantes que allí radican sencillamente no fue a sufragar. En distritos con mayores recursos y mayor acceso a información, la indignación que genera ese dato es aún mayor.