Por Iván Arenas, especialista en minería e hidrocarburos. Ha empezado el conteo de las elecciones de la segunda vuelta cuyo resultado final se sabrá en los próximos días; sin embargo, el fantasma de la incertidumbre política/electoral golpea sobre todo al sector minero moderno y formal; sector que es intensivo en capitales y que prefiere las reglas claras, la estabilidad y la seguridad jurídica. Es casi seguro que en estos momentos circulan informes, análisis de escenarios y de riesgo político del actual escenario electoral solicitados por empresas y fondos de inversión con prospectivas de lo que podría venir de ganar Keiko Fujimori o Roberto Sánchez. Sea quien sea el próximo presidente de este país deberá mirar al sector minero no con “gula presupuestívora”, sino de manera estratégica en el mediano y largo plazo; sobre todo, cuando hay un mundo que requiere con urgencia los minerales que el Perú tiene (antes de cualquier posibilidad real y rentable de algún sustituto). El candidato que –al conteo final– logre la presidencia, no debe cometer el yerro de ideologizar la relación con el sector minero en general, pero sobre todo con el moderno, formal y legal (que cumple estándares sociales, laborales y ambientales) que es, dicho sea de paso, el que paga las cuentas nacionales seguido por la agroexportación. Asimismo, el próximo presidente debe evitar cometer la misma torpeza del golpista Pedro Castillo cuando atiborró el Ministerio de Energía y Minas y otras instituciones claves del Estado, con amigos y conocidos que no tenían el nivel para dirigir uno de los ministerios centrales y decisivos, con una importancia estratégica que se redujo a menos.