La segunda vuelta del 7 de junio se realizó de manera notablemente más ordenada que la primera. Los propios representantes de Juntos por el Perú (JP) y de Fuerza Popular lo reconocieron: las mesas se instalaron con puntualidad, se corrigieron los problemas logísticos que habían generado alarma el 12 de abril y el proceso transcurrió sin los incidentes que tanto daño le hicieron a la credibilidad electoral. Ambos partidos llamaron públicamente a respetar los resultados. Eso duró poco. Conforme el conteo oficial de la ONPE fue reduciendo la ventaja inicial de Roberto Sánchez y se empezó a voltear el resultado, surgieron las conductas contradictorias. Quienes el domingo prometían acatar cualquier resultado, hoy salen a desacreditar el proceso y a convocar movilizaciones que, disfrazadas de “defensa del voto”, apuntan en realidad a presionar a los organismos electorales antes de que el JNE proclame al ganador.