Por Jorge Zapata Ríos, presidente de la Confiep. Mientras redacto este artículo de opinión, mi atención se divide entre el desarrollo de sus líneas, las actualizaciones de la página web de la ONPE y las proyecciones de los resultados. Deben ser pocos los empresarios que, en estos días, no hayan recurrido a las sumas y restas para plantear sus propias conjeturas. Y cualquiera que lo haya hecho llegará a la misma conclusión: tenemos un país dividido exactamente por la mitad. Esto nos obliga a entender que es imperativo buscar que sanar esta fractura desde el día siguiente de conocerse los resultados oficiales. Cuando se publique este texto, quizás el conteo de actas y votos, con el que tanto nos hemos familiarizado, haya quedado de lado. Sin embargo, no así la necesidad de ensayar otras sumas y restas: aquellas que busquen ecuaciones donde ganen ambos lados del electorado. He ahí la tarea: identificar los aspectos que toca valorar y preservar, y aquellos otros que urge corregir. Entre los factores que suman, debemos considerar el potencial de crecimiento económico del país, su diversidad de recursos, su posición geográfica, su solidez macroeconómica, entre muchos otros. Los que restan –e impiden que la balanza se incline hacia el lado que suma– están la delincuencia desbordada, una informalidad que no decrece y un sistema político deficiente con su secuela de corrupción e ineficiencia. Todos ellos convergen en el problema principal: la falta de atención a las demandas de los ciudadanos, especialmente en los pueblos y asentamientos donde se concentran las mayores necesidades.