Por David Tuesta, presidente del Consejo Privado de Competitividad. Salvo una sorpresa mayúscula en la revisión de las actas observadas, todo apunta a que Keiko Fujimori será la próxima presidenta del Perú. Sin embargo, más importante que el nombre de quien ocupará Palacio de Gobierno es el mensaje que deja una de las elecciones más ajustadas de nuestra historia reciente. El país aparece nuevamente dividido en dos mitades. Si bien existen diversos factores detrás de esta división, sería un error ignorar una dimensión igualmente relevante: la económica y social. La elección no solo ha revelado dos opciones políticas enfrentadas; también ha puesto en evidencia dos realidades de desarrollo. Los gráficos que acompañan esta columna muestran una correlación clara entre pobreza y comportamiento electoral a nivel distrital. Mientras mayores son las tasas de pobreza monetaria, mayor es el respaldo a Juntos por el Perú. La situación inversa se observa en el caso de Keiko Fujimori. Naturalmente, la pobreza no explica por sí sola el voto, pero constituye una señal demasiado contundente para ser ignorada. (Edición domingo).