La campaña que termina ha estado caracterizada por enfrentamientos enconados, aun entre fuerzas que se suponían afines. A la derecha y a la izquierda del espectro político, proliferaron candidaturas que, en su afán por capitalizar la mayor cantidad de votos del sector al que pertenecían, extremaron las diferencias con las organizaciones con las que compartían visiones y planes. La lógica de la segunda vuelta tendría que haber estimulado el abandono de esas diferencias y la suma de esfuerzos, pero eso no ocurrió en todos los casos. En honor a la verdad, fue un proceso casi automático en la izquierda, pero lento, trabajoso y dubitativo en la derecha. Ahora, sin embargo, estamos en una etapa distinta. Si, como todas las proyecciones anuncian, será la señora Fujimori quien llegue a la presidencia, le tocará a ella buscar coincidencias con los partidos presentes en el Congreso que levantaron banderas semejantes a las suyas en estos comicios. Son positivas, en ese sentido, las noticias de reuniones entre representantes de Fuerza Popular y Renovación Popular con miras a lograr acuerdos relativos a las Mesas Directivas de las dos cámaras y las comisiones parlamentarias. Pero eso no es suficiente. Por cantidad de curules y por la necesidad de hacer un gobierno amplio, su vocación de acercamiento a otros conglomerados tiene que ser mayor.