¿Cuántas veces tiene que destruir el fenómeno El Niño (FEN) una carretera, hacer colapsar un hospital o arrasar un campo de cultivo para que el Estado aprenda a prepararse antes de que llueva? La pregunta no es nueva. Tampoco la respuesta: cada cierto número de años, el FEN vuelve, avisa con meses de anticipación, y el Gobierno reacciona tarde. Este lunes, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) emitió el Comunicado Oficial 11-2026 manteniendo el estado de “alerta de El Niño costero”. El diagnóstico es preciso y severo: para la región Niño 1+2, el evento iniciado en marzo se prolongará hasta el verano 2026-2027, con una probabilidad del 48% de alcanzar magnitud fuerte entre junio y setiembre. Para la región Niño 3,4 –Pacífico ecuatorial central– se proyecta un desarrollo sostenido hasta marzo del 2027, con mayor probabilidad de intensidad fuerte entre noviembre y diciembre de este año. El propio comunicado exhorta a las autoridades a adoptar medidas de reducción del riesgo de desastres antes del inicio de la próxima temporada de lluvias, prevista entre setiembre del 2026 y abril del 2027.No es solo una advertencia climática. Es también una advertencia económica.