Desde estas páginas hemos sido respetuosos de los recursos legales que los partidos políticos puedan interponer tras las votaciones si sinceramente creen que la cancha ha estado inclinada en su contra. Cualquier democracia funcional permite esa avenida de disputa. Pero el abuso del derecho es inaceptable. Y eso es precisamente lo que ha intentado Juntos por el Perú (JP) tras perder los comicios del domingo 7. Su cambio de tono no podría haber sido más revelador. En las horas en las que se sentían ganadores, su candidato presidencial Roberto Sánchez y sus seguidores conminaban a su rival de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, a aceptar sin ambages los resultados de la elección. “Nosotros hemos invocado desde un principio a Fuerza Popular para que se comprometa a reconocer democráticamente el resultado cualquiera que este sea”, decía, por ejemplo, Manuel Rodríguez Cuadros, del equipo técnico de JP, el lunes siguiente a la votación. El propio Sánchez pedía a Fujimori que “no tenga lenguaje tibio” para aceptar los resultados. Él los aceptaría hidalgamente, adelantó. (Edición domingo).