Por Mercedes Araoz, profesora e investigadora de la Universidad del Pacífico. El último viernes se conoció oficialmente la composición política del Parlamento y sus integrantes: 6 grupos políticos conformarían las bancadas en el Senado y en Diputados, 2 claramente de derecha conservadora, 1 de centro izquierda y 3 de izquierda populista y/o radical. El mismo día, el Presidente del BCR anunció sus proyecciones económicas que apuntan a una expansión de 3.4% para 2026 y 3.2% para 2027, mientras que la inflación, luego de cerrar este año alrededor de 3.8%, retornaría gradualmente al rango meta y se ubicaría cerca de 2% en el 2027. Son cifras alentadoras para un país que ha atravesado años de inestabilidad política, pérdida de confianza y bajo crecimiento. Sin embargo, no garantizan por sí solas una trayectoria sostenible. El crecimiento previsto descansará principalmente en la recuperación de la inversión privada, el consumo y la ejecución de proyectos de infraestructura. Para sostenerlo, el país necesitará algo más que buenos pronósticos: requerirá disciplina fiscal, estabilidad institucional y coordinación política. Los riesgos no son menores. La posibilidad de un nuevo episodio del fenómeno de El Niño exige prevención, inversión oportuna y una ejecución pública mucho más eficaz. A ello se suman conflictos sociales vinculados a actividades extractivas e ilegales, inseguridad ciudadana y una presión constante por expandir el gasto sin fuentes claras de financiamiento.