La caída del precio del petróleo tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para reabrir el estrecho de Ormuz constituye un alivio para la economía mundial. El Brent, que durante el conflicto llegó a cotizar alrededor de US$ 120 por barril, ha regresado prácticamente al nivel previo a la guerra. Sin embargo, sería un error interpretar esta corrección como el fin del problema. Lo que desapareció fue una parte de la prima de riesgo geopolítico, pues la vulnerabilidad que la hizo posible permanece intacta. La guerra dejó una lección clara. Bastó el cierre de un paso marítimo por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo para alterar la inflación global, encarecer el transporte, elevar los costos de producción y modificar las expectativas sobre las tasas de interés. Para el Perú, la noticia es positiva. La reducción del precio del crudo debería aliviar gradualmente los costos de energía y transporte que enfrentan las empresas y, con ello, contribuir a moderar la inflación. Ese proceso, sin embargo, no será inmediato. Los propios analistas estiman que el traslado hacia los consumidores y los costos empresariales puede tomar varios meses.