Por Rodrigo Perera, gerente de Administración, Finanzas y Abastecimiento de Solgas. Junio, como mes del GLP, invita a reflexionar sobre el papel de esta energía en la vida diaria de millones de familias. En el Perú, esa tarea es urgente: la pobreza energética no es solo falta de electricidad; es la imposibilidad de cocinar o iluminarse de forma segura, continua y asequible. Un estudio reciente que realizamos revela que cerca de 1.7 millones de hogares peruanos viven en pobreza energética multidimensional, con mayor severidad en la sierra y selva rural. Aunque el país avanzó en electrificación, la brecha más crítica está en la cocina. En regiones como Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco, Cajamarca y Puno, más del 60% de hogares cocina con leña, y en esas zonas más del 50% padece pobreza energética multidimensional. El uso de leña, bosta o carbón no responde a una preferencia, sino que es consecuencia de bajos ingresos, dispersión geográfica e infraestructura insuficiente. Por ello, la solución no puede partir de una mirada urbana ni homogénea; debe reconocer que la transición energética también se mide en que una familia deje de inhalar humo dentro de su vivienda.