Por César Tello Ramírez, presidente de Adex. Aunque aún no se ha proclamado a quien conducirá el destino del país por los próximos cinco años, el Perú no puede darse el lujo de esperar. Es momento de mirar hacia adelante y construir una agenda clara que permita acelerar el crecimiento de la economía por encima del 5% anual y reducir de manera sostenida la pobreza monetaria, que en el 2025 afectó al 25.7% de la población. La experiencia demuestra que la expansión económica sí transforma vidas. En el 2025, el PBI creció 3.4%, una tasa positiva, pero insuficiente para enfrentar los grandes desafíos nacionales. Entre el 2001 y el 2010, en cambio, la economía avanzó a una tasa promedio anual de 5.5%, periodo en el que la pobreza monetaria se redujo de 54.8% a 31.3%. El Perú conserva fortalezas importantes: estabilidad macroeconómica, apertura comercial y una extensa red de acuerdos que facilitan el acceso a los principales mercados. Sin embargo, persisten problemas estructurales que limitan nuestro potencial (inseguridad ciudadana, informalidad, baja productividad y brechas de infraestructura y servicios públicos). A ello se suma el deterioro de algunos de los pilares que durante décadas impulsaron nuestro progreso. La inestabilidad política redujo la confianza de inversionistas y consumidores, mientras que la debilidad institucional y la falta de predictibilidad afectaron las expectativas empresariales y frenaron proyectos de inversión.