EL LAGO ABANDONADO
30 de junio de 2026

Ubicado a más de 3.800 metros de altura, el Titicaca es el lago navegable más alto del mundo. Su vínculo con los pobladores que habitan a sus orillas y en todo el Altiplano es primordial, pues sus aguas los han provisto desde siempre de diversos medios de subsistencia. No en vano los antiguos peruanos le confirieron una dimensión mítica, cuyo eco ha llegado hasta nosotros. Además, a actividades económicas desarrolladas allí desde épocas ancestrales, como la pesca y la agricultura, se le sumaron en las postrimerías del siglo XX el turismo y la industria hotelera, que trajeron trabajo y bienestar a la región. Todo eso, sin embargo, está en peligro por el descuido al que esta auténtica maravilla que compartimos con Bolivia está sometida desde hace tiempo. Un trabajo del Laboratorio Universitario de El Comercio (en el que intervinieron 47 estudiantes de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y del programa de Humanidades Digitales de la Universidad del Pacífico), publicado el domingo en nuestras páginas, ha puesto en evidencia que el Titicaca y los ríos que lo alimentan vienen recibiendo desde hace décadas descargas de aguas residuales y basura que, junto con la presencia de arsénico, plomo y mercurio en ellas, están afectando la biodiversidad del lago, así como la salud del ganado que pasta en sus inmediaciones e incluso la de los propios puneños.