Por Elena Conterno, especialista en políticas públicas. Imaginemos que es julio del 2031 y estamos escuchando el discurso de despedida de la presidenta: “Hace cinco años, recibimos un país golpeado por la inseguridad, un Estado debilitado, servicios deficientes y jóvenes sin esperanza. Quiero destacar tres cambios dirigidos a enfrentar la situación encontrada y sentar las bases para mejoras futuras: los puestos más relevantes del Estado están en manos de profesionales designados por mérito; las familias tienen más opciones para acceder a educación y salud; y los jóvenes conocen y entienden la historia reciente del Perú, y saben que su preparación y esfuerzo son la mejor base para construir su futuro”. El próximo Gobierno deberá hacer frente desde el primer día a la inseguridad, la amenaza de El Niño, el deterioro fiscal y la minería ilegal. Pero su legado dependerá de dejar capacidades instaladas para que el país funcione mejor. Una primera tarea estructural es instaurar el mérito en las cabezas técnicas del Estado. Identifiquemos, para empezar, los cien puestos clave y establezcamos para ellos un régimen especial de selección, permanencia y retribución. Me refiero a quienes conducen programas nacionales, direcciones, reguladores, proyectos especiales y entidades ejecutoras. Son cargos que no deberían depender de la amistad, la militancia o la cuota política, sino de formación, experiencia y capacidad de gestión. Una buena autoridad define un norte, arma equipos y mejora los servicios que recibe el ciudadano. Hace treinta años, siendo gerenta general de una entidad pública, logramos con un equipo comprometido avances importantes. Años después, malos nombramientos revirtieron gran parte de lo avanzado. Construir capacidades toma años y mucho esfuerzo, pero destruirlas puede tomar muy poco. Por eso, si queremos un Estado que funcione y avance, empecemos por cuidar sus cabezas.