Por Carlos E. Paredes, economista de Intelfin Estudios y Consultoría y docente de la Universidad Continental. Este es, tentativamente, el título de mi próximo libro sobre Petroperú, que estará en librerías en agosto de este año. El subtítulo reza “De la debacle a la reestructuración” y aclara de qué va el texto. Adelanto algunas ideas centrales, porque el debate sobre el futuro de la empresa no puede postergarse. A estas alturas, la mayoría conoce los grandes problemas de Petroperú. Entre sus principales errores está la construcción de la nueva refinería de Talara, la cual hemos calculado implicó una pérdida patrimonial de, por lo menos, US$ 8,000 millones. Pero el costo no solo se mide en dólares. Se mide en los hospitales y escuelas que no se construyeron, y en las madres y bebés que murieron en un centro de salud público pobremente equipado cerca de la nueva refinería. Ese es el rostro humano de una cifra que, de otro modo, se pierde en el papel. Ese es el costo real de una decisión de inversión que jamás debió tomarse con el diseño y los costos aprobados. En los últimos cinco años hemos verificado no solo la magnitud de las pérdidas, sino el patrón que las hizo posibles: una cultura de opacidad, de mentira sistemática y de incapacidad de gestión. Modelos financieros alterados para inflar rentabilidades inexistentes, funcionarios que sabían de los errores y callaron por miedo, directivos que intentaron alertar sobre irregularidades y fueron purgados en cuestión de semanas, gerencias que investigaron a sus propios cómplices y, previsiblemente, no encontraron responsables.