EL PERÚ QUE MERECEMOS EN EL 2031
12 de julio de 2026

Por Mercedes Aráoz, exvicepresidente y profesora investigadora Universidad del Pacífico. Cuando la presidenta electa entregue la banda presidencial dentro de cinco años, espero que el balance de su gestión no empiece con el crecimiento del PBI ni con el número de leyes aprobadas. Espero que empiece con las historias de millones de peruanos cuya vida cambió para mejor. Porque, al final, la economía no trata de cifras. Trata de personas. Me gustaría encontrar a Pedro, un pequeño empresario que hace unos años trabajaba en la informalidad porque formalizarse significaba más trámites, más multas y más miedo que oportunidades. Hoy su empresa genera empleo, vende por Internet al mundo y paga impuestos con convicción porque tiene un Estado que simplifica, protege y acompaña. Encontrar a María, que deja cada mañana a sus hijos en una escuela pública con la tranquilidad de que recibirán una educación de calidad. Que sabe que aprenderán matemáticas, ciencias, idiomas y competencias digitales, pero también valores, ciudadanía y respeto por los demás. Ella sabe que el lugar donde nació no determinará el futuro de sus hijos. Encontrar a Rosa, agricultora de Ayacucho, que produce más con menos agua gracias al riego tecnificado, recibe asistencia técnica, utiliza semillas mejoradas, está conectada a mercados y vende junto con otros pequeños productores. Sus hijos decidieron quedarse porque descubrieron que el campo también puede ofrecer prosperidad. Encontrar a Luis, operador de una mina formal en Apurímac, orgulloso de trabajar en una actividad que genera empleo digno, respeta el ambiente y convive con las comunidades. A su alrededor surgieron proveedores locales, institutos técnicos y nuevos emprendimientos. La riqueza mineral dejó de salir únicamente por los puertos; comenzó también a quedarse en el territorio. (Edición domingo).