El Congreso decidió despedirse de la etapa unicameral como mejor sabe hacerlo: abriendo la billetera pública y repartiendo beneficios con dinero que no le pertenece. En vez de dejar ordenadas las cuentas, la Comisión Permanente convirtió el crédito suplementario de S/ 9,596 millones en una piñata presupuestal cargada de gratificaciones, CTS, bonos, aumentos remunerativos, propinas, planillas y gastos que permitirán a los parlamentarios salir en la foto como benefactores, aunque la factura quede en manos del próximo gobierno. El problema no está en que los trabajadores CAS, docentes, auxiliares o miembros de las fuerzas del orden merezcan mejores ingresos. El verdadero escándalo está en la irresponsabilidad con la que se reconoce una lista de obligaciones sin asegurar una fuente permanente para financiarlas. (Edición domingo).