Por Anthony Laub. El Perú necesita recuperar la institucionalidad del sector energético. Durante años, el Ministerio de Energía y Minas (Minem) fue reconocido como una de las entidades con mayor capacidad técnica del Estado. Gracias a ello, fue posible desarrollar políticas estables que atrajeron inversiones millonarias y permitieron aprovechar nuestros recursos naturales. Hoy, el Minem, es un mercado persa. Años de desidia, decisiones políticas y pérdida de cuadros profesionales han debilitado seriamente la capacidad del Minem para liderar el sector. Sin un ente rector sólido y técnicamente competente, resulta imposible ofrecer la predictibilidad que demanda la inversión privada. La reorganización debe alcanzar también a Osinergmin. Es indispensable revisar su actual adscripción a la Presidencia del Consejo de Ministros y evaluar su retorno al ámbito del Minem. Un organismo que administra un presupuesto millonario y cuyas decisiones tienen enorme impacto en el sector no puede funcionar con mecanismos insuficientes de control político y rendición de cuentas. Además, en demasiadas ocasiones ha pasado de ser un regulador técnico a un obstáculo para la inversión. Perupetro tampoco escapa a esta crisis. La entidad ha perdido capacidad para promover la exploración y explotación de hidrocarburos. En lugar de liderar propuestas orientadas a hacer más competitivo al Perú, parece haberse resignado a administrar el declive de nuestra producción hidrocarburífera. Sin nuevas inversiones, la producción seguirá cayendo y la dependencia energética aumentará. La situación de Petroperú también exige decisiones firmes. El Estado no puede seguir destinando miles de millones de soles a sostener una empresa que genera pérdidas, cuando esos recursos deberían orientarse a salud, educación, seguridad e infraestructura.