La conformación del Gabinete ministerial del Gobierno de Keiko Fujimori, que se inicia dentro de cuatro días, continúa dentro del ámbito de las especulaciones y los trascendidos. Entre los voceados hay figuras conocidas, con experiencia en el manejo político –para la PCM y carteras “complicadas”– y con perfil tecnócrata –para el MEF y carteras “productivas”–. Sin embargo, lo recomendable sería que todos posean la capacidad de entender cómo funciona la economía peruana, la compleja realidad social del país y la habilidad para transitar por el sinuoso terreno de la política nacional, especialmente en el Poder Legislativo. Por ahora, lo único que parece cierto es que a nadie en la bancada de Fuerza Popular se le ocurrirá afirmar, con tono petulante, que el Congreso es el primer poder del Estado. No lo es, la Constitución otorga ese rol a la Presidencia de la República. Y presumimos que no harán la vida imposible a los ministros, como lo han hecho en los últimos cinco años, pues estarían poniéndose en contra de su propia lideresa. Los ministros tendrán que estar preparados para lidiar con senadores y diputados de los otros partidos, lograr consensos con los menos intransigentes (ojalá se pueda) e intentar reconstruir una relación con el Congreso que aborde los múltiples problemas del país. Suena utópico, pero no hay otra salida. Este quinquenio ha sido desastroso para la institucionalidad del Perú. Gran parte de la responsabilidad recae en quienes gobernaron (cuatro presidentes que han batido récords de ineptitud), que no supieron ni quisieron enfrentarse a un Congreso obstructor que legislaba para intereses particulares (los dos últimos presidentes son congresistas). Es necesario que los ministerios recuperen peso político, empezando por el MEF, y evitar que los ministros, en lugar de poseer credenciales profesionales, tengan antecedentes judiciales. Quizás Fujimori esté revisando minuciosamente los historiales de los candidatos a ministros, y por eso aún no anuncia a los elegidos.