El Perú ha logrado importantes avances en electrificación durante las últimas décadas, abarcando hasta el 97% de los hogares, pero las zonas rurales continúan rezagadas, con un ratio de penetración inferior al 90%. Y es que llegar a la población más alejada de los centros urbanos y la red eléctrica (última milla) es "la inversión más compleja, cara y difícil de estructurar", apunta Isabel Beltrán, vicepresidenta para América Latina y El Caribe de la Alianza Energética Global para las Personas y el Planeta (GEAPP, por sus siglas en inglés). Es allí, manifiesta la ejecutiva, donde el capital filantrópico puede ejercer más poder e impacto: proveyendo alternativas y soluciones para electrificar el campo y ayudar a cerrar la brecha energética en los países que lo necesitan.