Por Jorge Luis Montero, exministro de Energía y Minas. El 22 de septiembre del 2025 durante el Perumin 37, Perú y Chile suscribieron un Memorando de Entendimiento en donde se afirma: “El interés mutuo de expandir su colaboración para promover el desarrollo de minerales críticos y el deseo de trabajar juntos a nivel regional y global”. Este es un entendimiento de la mayor importancia, porque expresa claramente una estrategia binacional frente al desafío de los minerales críticos. El mencionado memorando fue revisado previamente por ambas Cancillerías y tiene una vigencia de cinco años (2025-2030), pudiéndose perfeccionar y renovar si los participantes expresan ese común deseo. Quedan abiertas todas las opciones para suscribir, eventualmente, un tratado binacional minero con objetivos jurídicamente vinculantes. Chile y Argentina tienen el suyo sobre Integración y Complementación Minera, suscrito en 1997 y lo están actualizando. Fue en esa ocasión cuando se habló por primera vez del “Proyecto 51” como un esfuerzo inédito, colaborativo y estratégico, para alinear políticas públicas, decisiones privadas, marcos normativos, incentivos económicos e inversiones territoriales, que permita ofrecer al mercado global del cobre, cuando menos, el 51% de sus requerimientos de refinados a partir del 2036. Actualmente, Chile y Perú representan el 35% de la oferta global, el 30% de las reservas mundiales, el 48% de los proyectos brownfield y el 38% de los proyectos greenfield, a lo que habría que sumar el potencial de los megaproyectos argentinos Josemaría y Filo del Sol, en San Juan. Los titulares mineros son grandes corporaciones de larga experiencia, altos estándares y mejores calificaciones. En suma, estamos hablando del Triángulo del Cobre de América del Sur, el buque insignia del “Proyecto 51” y el más importante recurso cuprífero del mundo.