Por Raúl Benavides Ganoza, director de la Compañía de Minas Buenaventura. Ante la amenaza de un nuevo fenómeno de El Niño (FEN), el Gobierno ha anunciado acciones de prevención en Piura, una de las regiones más vulnerables a las inundaciones y desbordes de ríos. Se ha señalado que se coordinará con las autoridades competentes, se recurrirá a las Fuerzas Armadas y se buscará apoyo internacional para disponer de motobombas, carpas, alimentos y agua. Todo es necesario. Pero falta convocar a un actor fundamental: la empresa privada. Si queremos llegar preparados, debemos utilizar la mejor capacidad de gestión, independientemente de si se encuentra en el sector público o privado. En una emergencia, lo que importa son los resultados: obras terminadas a tiempo, cauces despejados, defensas construidas y poblaciones protegidas. ¿Quién conoce mejor los ríos de la costa que los agricultores y agroexportadores que dependen de ellos? Para una empresa agrícola, el comportamiento de un río no es un asunto abstracto. Una inundación puede significar pérdidas enormes no solo para las empresas, sino para miles de familias y para la economía de toda una región. El Perú cuenta con una herramienta para aprovechar esa capacidad de gestión: obras por impuestos (OxI). El mecanismo permite que una empresa privada financie y ejecute una obra pública y recupere la inversión mediante certificados aplicables al pago de impuestos. Es decir, el Estado no renuncia a sus recursos ni a su responsabilidad, pero aprovecha la capacidad del sector privado y con ingresos futuros, sin tocar su presupuesto. ¿Por qué no utilizarlo para la prevención frente al FEN? Los agroexportadores tienen un incentivo para participar en la limpieza y descolmatación de cauces y otras intervenciones destinadas a proteger los valles. El Estado puede reconocer las inversiones una vez ejecutadas y verificadas las obras.