El cobre está entrando a Estados Unidos al ritmo más rápido en al menos 12 años, mientras los operadores se adelantan a la decisión del presidente Donald Trump sobre posibles aranceles a las importaciones de cobre refinado. Unas 200,000 toneladas métricas llegaron en julio, el mayor ingreso mensual registrado en los datos de transporte marítimo de IHS Markit, que se remontan al 2014. Alrededor de 110,860 toneladas están almacenadas en puertos de Estados Unidos fuera del sistema de warrants de la Bolsa de Metales de Londres (LME). El mercado sigue de cerca esta acumulación de inventarios porque se ha producido a costa de las existencias en el resto del mundo. Las reservas en los almacenes de la LME fuera del país norteamericano han caído con fuerza este año, ya que los operadores han desviado metal hacia puertos estadounidenses para aprovechar los precios más altos. Los envíos han seguido acelerándose pese a que el 30 de junio venció el plazo para que el secretario de Comercio, Howard Lutnick, presentara recomendaciones sobre los aranceles. Productores, consumidores y operadores esperan que la Casa Blanca determine si ampliará los aranceles, hoy aplicados a productos de cobre semielaborados, al cobre sin procesar. Mientras tanto, el cobre Comex en Nueva York sigue cotizando con una importante prima frente a la LME, manteniendo un arbitraje que incentiva los envíos hacia EE.UU. Los inventarios oficiales de Comex han aumentado más del 40% este año hasta un récord, mientras que las reservas totales de cobre en EE.UU. se estiman ampliamente en más de 1 millón de toneladas métricas. La amenaza de aranceles está permitiendo al gigante americano acumular existencias de un metal considerado cada vez más estratégico para las redes eléctricas, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y la defensa.