Tras la negativa de JPP a otorgarle facultades delegadas al Ejecutivo sin siquiera haber tenido la decencia de revisar el proyecto que se remitirá a los legisladores recién la próxima semana, sus aliados en el Congreso marcaron distancia rápidamente. Los otros grupos que conforman el bloque de oposición -Partido del Buen Gobierno, Ahora Nación y Obras- se han manifestado, en efecto, señalando que primero van a escuchar y evaluar la propuesta para después tomar posición. Agregaron, asimismo, que no serán una oposición obstruccionista. El senador Alfonso López-Chau no descartó tampoco conversar con el oficialismo. Una postura razonable que estaría atendiendo al clamor ciudadano, que en un sorprendente 71% -según encuesta de Ipsos- pidió que se le diera a Keiko Fujimori la oportunidad de gobernar y reconducir el destino del país, ahora que finalmente ha llegado a Palacio. Como se recordará, hasta las últimas elecciones el país estaba polarizado, casi a partes iguales, entre el antifujimorismo y quienes respaldaban su ascenso al poder. Si la proporción entre apoyos y rechazos al fujimorismo ha cambiado en las últimas semanas, es porque el país está cansado ya de la inestabilidad política y el errático rumbo de la economía. Si esa es la lectura de la izquierda no-obstruccionista, sería un gesto de madurez política (no exenta de cálculo, desde luego). Pero queda claro que no todos piensan lo mismo, pues este no es el primer roce dentro del conglomerado. Ya antes, ante determinadas actitudes de miembros de JPP, el propio López-Chau y Susana Matute, del Partido del Buen Gobierno, precisaron que el acuerdo entre ellos había sido solo para la elección de la Mesa Directiva.