En el 2020, el Congreso aprobó que el BCR pueda fijar topes a las tasas de interés esperando que ello beneficie a las mypes y a los segmentos más vulnerables de la población. Sin embargo, ello ignora que la informalidad es la principal causa del elevado interés, lo que restringe el acceso al financiamiento formal y deja a los prestamistas informales como única alternativa para estos grupos de deudores. En este contexto, la intención del Ejecutivo de derogar esa medida es acertada, y debe complementarse con políticas integrales que aborden la informalidad y promuevan una verdadera inclusión financiera. La informalidad no solo está asociada con una menor productividad, sino también con una baja predictibilidad de los ingresos. Según la Enaho, al 2025, solo el 10% de los jefes de hogar con empleo informal considera que sus ingresos son estables, frente al 38% en el sector formal. Esto dificulta que las entidades financieras evalúen su solvencia, lo que eleva el riesgo de impago y encarece el crédito, sobre todo para los más vulnerables. (Edición domingo).