Por Pablo de la Flor, especialista en Políticas Públicas. El nuevo gobierno comienza su gestión con vientos de cola inmejorables en el ámbito comercial. Impulsados por el repunte histórico en el precio de los minerales, nuestros términos de intercambio vienen mostrando los niveles más altos de los que se tiene registro. Las cotizaciones del oro y el cobre han alcanzado niveles récord. Además, la demanda de este último metal seguirá expandiéndose aceleradamente, impulsada por la transición energética y los nuevos centros de almacenamiento de datos. Al mismo tiempo, se proyecta un importante déficit en la oferta mundial, que el Perú estaría en condiciones inmejorables de cubrir. Este nuevo ciclo virtuoso de los minerales nos ofrece la extraordinaria posibilidad de transformar la riqueza de nuestro subsuelo en desarrollo sostenible que beneficie a todos los peruanos. Sin embargo, para que ello ocurra se requiere que el Estado enfrente con decisión y sentido de urgencia los principales problemas que asfixian al sector. Si bien en los primeros cinco meses del año el valor de nuestras exportaciones mineras creció 60%, para varios minerales, el volumen se retrajo. Es una señal de alerta: estamos capturando el ciclo de precios, no expandiendo nuestra capacidad productiva. Las inversiones mineras no crecen significativamente y ningún proyecto de envergadura ha sido desarrollado desde la puesta en marcha de Quellaveco y Marcobre. (Edición domingo).