El dólar en el mercado local ingresó formalmente a una fase de desescalada, luego de un primer semestre tortuoso en el que incluso tocó un máximo de S/ 3.52 en plena agitación electoral y con conflictos bélicos internacionales a cuestas. Las amenazas mundiales, con una guerra en desarrollo en Medio Oriente y con picos de intensidad bélica, y presiones inflacionarias que sobrevienen a esta crisis que tiene como protagonista central –en lo económico– al precio del petróleo y derivados, han sumergido a los inversionistas en incertidumbre geopolítica. Muchas de sus cavilaciones se centran en que la mayor inflación induzca a los bancos centrales principales, como la Fed de EE.UU. o el BCE de Europa, a elevar las tasas de interés, proceso que usualmente se traduce en un debilitamiento de los activos de inversión y de las monedas, sobre todo de plazas emergentes como el Perú. Sin embargo, un periodo de distensión entre EE.UU. e Irán, entre fin de mayo e inicio de julio – incluso con un memorando de entendimiento para el cese de hostilidades–; y el triunfo de Keiko Fujimori, de la derecha conservadora, mejoraron el ánimo de los mercados y el dólar retrocedió paulatinamente a los umbrales de S/ 3.40 al término del séptimo mes. En ese momento, proyecciones recogidas por Gestión apuntaban a que el declive del billete verde proseguiría en agosto, y ahora se convalidan plenamente.