Por César Puntriano, socio del Estudio Muñiz. Sí, el Perú puede generar empleo formal, pero requiere que la formalidad sea sostenible para empresas y trabajadores. De acuerdo con el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “Panorama laboral de América Latina y el Caribe” en el 2025 aumentó la ocupación, la desocupación regional cayó de 5.8% a 5.3% y la informalidad se redujo. Sin embargo, cerca de la mitad de las personas ocupadas continúa trabajando informalmente. A ello se suman el bajo crecimiento de la productividad, las brechas de género y las dificultades de inserción juvenil. Nuestro país enfrenta un escenario complejo. Las proyecciones para este 2026 anticipan una desaceleración: Cepal estima un crecimiento de 3.2%, el FMI de 2.8% y el Banco Mundial de 2.7%. Entre el primer trimestre del 2025 y el mismo periodo del 2026, la participación laboral cayó de 70.5% a 69.1% y la ocupación de 66.7% a 65.6%. La reducción del desempleo, de 5.5% a 5.1%, refleja entonces en parte, según OIT, una menor presión de la oferta laboral. El principal problema nacional sigue siendo la informalidad. En el 2025 alcanzó al 69.8% de los ocupados peruanos, muy por encima del promedio de 47.4% registrado en quince países latinoamericanos. Solo Bolivia y Ecuador presentan tasas superiores. Añade la OIT que formalizarse no garantiza permanecer formal: cerca del 73% de las microempresas peruanas que ingresan a la formalidad retorna a la informalidad dentro de los cinco años siguientes. Cifra preocupante.