“Son peanuts” o “son maníes”. Así es como coloquialmente se dice cuando algo vale muy poco. Esa fue, literalmente, la expresión de Rafael López Aliaga sobre los más de US$24 millones desembolsados por los limeños para traer desde California 90 vagones y 19 locomotoras. En 2024 surgió una gran promesa del entonces alcalde de la capital: un tren iba a ser donado a la comuna para beneficio de más de dos millones de ciudadanos que todos los días se trasladan entre Lima y Chosica. Adiós a los buses y colectivos informales, adiós a los cobros excesivos por un mal servicio de transporte. Esa fue la gran promesa. Fue tan grande la expectativa desde el inicio que la toma de decisiones de las distintas áreas de la municipalidad fue célere. Todo el acuerdo se firmó y votó en una semana. El anuncio se formalizó el 5 de noviembre de ese año, cuando la operadora Peninsula Corridor Joint Powers Board, mejor conocida como Caltrain, comunicó a la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) su intención de donarle 93 vagones galería y hasta 20 locomotoras, fabricados entre 1985 y 1987, que estaba retirando de servicio para electrificar y modernizar su propia red. (Edición domingo).