El economista Juan Carlos Odar analizó los efectos de El Niño y cuestiona que la gestión anterior redujera la inversión para mostrar una situación fiscal favorable. Considerando la experiencia pasada, ¿cuáles se puede decir que son las variables o los canales a través de los cuales impacta El Niño? La anomalía climática impacta directamente en sectores como el agro y la pesca. Eso es lo primero. Indirectamente, también golpea a la manufactura y al procesamiento de esas actividades. Pero ahí ya empiezan a aparecer factores adicionales, como que las lluvias interrumpan una carretera o que algún puente quede bloqueado. Eso hace que empiecen a sentirse efectos en otras actividades en las cuales la producción no se golpea de manera directa, pero sí de manera indirecta y bastante fuerte. Por ejemplo, el transporte, los servicios y el comercio, como los restaurantes. ¿Cuáles son los otros riesgos? Lo otro importante es que estamos en un año de cambio de autoridades regionales y locales, que son las que canalizan la mayor parte de la obra pública que hay que realizar. Entonces, cabe preguntarse qué incentivo tiene un gobernador regional o un alcalde saliente para ejecutar obras que luego, de repente, ni su partido va a poder capitalizar. Ahí hay una visión de que, si no hay un riesgo inmediato evidente, entonces no se actúa. Además, el próximo año entran nuevas autoridades que no necesariamente están preparadas para eventos de esta naturaleza, y la experiencia muestra que la inversión pública suele caer de forma importante cuando entran nuevas autoridades. Eso, con mayor razón, puede ocurrir ahora. Eso significa que la prevención no necesariamente se va a ejecutar a tiempo, o que la reconstrucción no va a ser tan rápida, y eso sí genera efectos negativos: cuanto más lenta sea la reconstrucción, más duradero es el impacto. Ahí es donde yo veo el mayor riesgo.