Por Iván Arenas, especialista en minería e hidrocarburos. Viernes 4, 8:02 a.m. En X, antes Twitter, la página oficial de la Embajada de Estados Unidos informa que Marco Rubio, secretario de Estado, visitará el Perú, Ecuador y Colombia. Rubio, cubanoamericano de quien Donald Trump ha dicho que pasará a la historia como “el mejor secretario de Estado” (por encima de Henry Kissinger), es uno de los hombres con mayor poder en Washington y posible candidato a la presidencia de la primera república moderna. Rubio vendrá en un momento complejo para el gobierno de Keiko Fujimori, que recién empieza a organizarse pieza a pieza y yerro a yerro. Aquí en el Perú, Rubio ha colocado al frente de la embajada a uno de sus alfiles más cercanos: Bernie Navarro, casado con una peruana, cuyas formas de comunicación siguen el patrón del trumpismo. Ataque y ataque. Miren ustedes un poco la política en los países vecinos y verán que en ningún otro lugar, salvo en el Perú, hay un embajador estadounidense tan animoso como aquí. ¿La razón? La ubicación geopolítica del Perú en el marco de las desavenencias entre China y Estados Unidos; y la relación entre el Perú y China a pesar de Carlos Espá. Decíamos que Rubio llega al Perú en un momento complejo para el nuevo gobierno que, recién instalado, aún no ha llegado a organizarse. Días atrás, la minería ilegal desafió al nuevo gobierno. El crimen en Trujillo contra cuatro personas y el rapto de otra llevan la firma de la minería ilegal que ha olido rápidamente el débil aroma del nuevo gobierno. Nadie se atrevería a hacerle eso a Bukele, por ejemplo. Dos temas parecen ser ineludibles a Rubio en su visita a estos tres países que son su “natural área de influencia”, como dice la nueva doctrina Trump. La primera es fortalecer el Escudo de las Américas, la lucha contra inseguridad y contra el narcoterrorismo; y aquí podría entrar la minería ilegal. El segundo tema es la denominada Pax Silica, la estrategia de suministro de minerales críticos para la industria norteamericana, estrategia que –dicho sea de paso– el Perú no ha suscrito, todavía.