Por Marcial García, Socio de Impuestos de EY Perú. El contexto internacional difícilmente podría ser más favorable para el Perú. El cobre y el oro cotizan en niveles récord, y la transición energética impulsa una creciente demanda por el metal rojo, nuestro principal producto de exportación. Sin embargo, esta bonanza no se está traduciendo en nuevos proyectos. Mientras nuestros competidores adoptan medidas ambiciosas para atraer inversiones, el Perú permanece como un simple espectador. Argentina ofrece quizá el ejemplo más contundente. Doce proyectos ya fueron aprobados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, promovido por el Gobierno del presidente Milei, por unos US$ 21,000 millones, incluidos compromisos de gigantes como BHP y Rio Tinto. Sin una tradición ni un ecosistema minero comparables a los del Perú, el caso argentino demuestra que las políticas adecuadas pueden movilizar capital de gran escala. Chile también ha tomado nota. Su reciente “megarreforma” económica prevé una reducción gradual del impuesto corporativo y una profunda simplificación administrativa para acelerar la inversión. También evalúa incentivos a la exploración inspirados en Canadá y Australia, así como una reforma del mercado de capitales para facilitar el financiamiento de empresas mineras junior. El mensaje es claro. En la carrera por capitales mineros, nadie espera.