Seis meses han transcurrido desde el último siniestro en el gasoducto de TGP, accidente –aún no aclarado– que ocasionó la emergencia energética más grande en lo que va del siglo XXI en el Perú. Pasado ese tiempo, sin embargo, no se ha tomado ninguna acción preventiva ni correctiva. Esto, “a pesar de que todos los expertos, incluyendo a los funcionarios del mismo Osinergmin” han señalado que la infraestructura que tenemos para el transporte de gas natural y líquidos de gas natural (LGN) es “precaria”, apunta Víctor Murillo, exviceministro de Hidrocarburos. “Esta es la rotura número 12 o 13 en el ducto de TGP, y va a volver a ocurrir. ¿Pero, qué haremos con la siguiente?”, se pregunta Luis Espinoza, exviceministro de Energía. Y es que lo acontecido en marzo pasado ha demostrado que el país no puede depender de un solo gasoducto por los problemas que ya presenciamos durante esos 13 días, empezando por la restricción a `cero' del suministro de gas para industrias, plantas de generación térmica y taxis; siguiendo con la escasez de GLP (y hasta de diésel) registrada en ese lapso; y terminando con el retroceso que todo esto significó para el PBI, además de la escalada en la inflación. Igualmente importante, la emergencia ha develado que el Perú tampoco puede seguir dependiendo de un gran yacimiento de gas, en este caso, de Camisea (Cusco), epicentro energético desde donde se despacha el 96% del gas natural y el 70% del GLP que se consumen internamente.