La reorganización del Ministerio de Salud (Minsa) por 90 días es, en principio, una decisión positiva. El propio ministro Luis Dyer ha reconocido que el problema no es únicamente presupuestal, pues el Minsa arrastra atraso tecnológico y serias deficiencias de administración y gestión. Fusionar áreas y simplificar un organigrama excesivamente grande parece razonable. Pero sería un error confundir una reorganización con una reforma. Y lo que el país necesita es esto último. Las señales de deterioro son demasiado severas como para conformarse con un rediseño burocrático. Dyer ha señalado que el tiempo promedio que espera un paciente para ser atendido en los establecimientos de salud de Lima es actualmente de cuatro meses y medio, mientras que una intervención quirúrgica tarda, en promedio, ocho meses y medio. Su gestión plantea reducir en 50% el primer plazo y llevar el segundo a cuatro meses y medio. A ello se suma un Minsa que, según el ministro, pasó de alrededor de 15,000 trabajadores en el 2021 a unos 23,000, mientras las remuneraciones elevaron su participación en el presupuesto de 30% a 52%.