Desde estas páginas recogimos ayer las preocupaciones que expresó a su paso por el Congreso el presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), Julio Velarde, sobre el estado de la educación y la salud en el país. El jefe de la entidad monetaria calificó las políticas en estos dos sectores como “un desastre”. Al menos en lo que respecta a los últimos resultados en educación escolar, razón no le falta. De acuerdo con el Ministerio de Educación (Minedu), el año pasado ninguna región superó el 60% de alumnos con nivel satisfactorio en lectura y matemática en cuarto de primaria en una evaluación nacional. En la prueba internacional PISA, publicada la semana pasada, los resultados del Perú fueron similares a los obtenidos una década atrás. El país parece estar en un atolladero educativo sin salida a la vista. El informe del Instituto Peruano de Economía (IPE), publicado ayer en El Comercio, da algunas luces adicionales sobre el asunto. A pesar de que la inversión pública subnacional en educación pasó de S/3.711 millones en el 2016 a S/5.299 millones en el 2025 en soles constantes, la satisfacción con el servició cayó del 49% al 30% en el mismo período. Parte de la explicación posiblemente se halla en que –a pesar del mayor gasto– no se ven resultados concretos. De acuerdo con el IPE, a este ritmo tomaría 19 años cerrar la brecha educativa. En algunas regiones, como San Martín y Huancavelica, podría tardarse más de cuatro décadas.