JALADOS EN EDUCACIÓN
21 de septiembre de 2026

Por Pablo de la Flor, especialista en políticas públicas. Los resultados de l a última prueba PISA revelan el terrible deterioro de la calidad educativa en el país. Nuestros aprendizajes han involucionado una década, al extremo de que el 60% de los estudiantes de 15 años no entiende lo que lee y el 70% no es capaz de resolver problemas matemáticos básicos. Solo el 0,5% de los estudiantes peruanos alcanzó los escalafones más altos de desempeño, contra el 12% de la OCDE. Los retrocesos son equivalentes a haber perdido un año de estudios. Hay, sin embargo, un dato rescatable que rompe el patrón negativo: somos el único país donde la brecha de resultados entre estudiantes ricos y pobres se redujo, en lugar de ampliarse como en la mayoría de los sistemas educativos. Aun así, la condición socioeconómica de los alumnos sigue explicando el 13% de la variabilidad en las notas, una cifra alta, aunque en retroceso. No debe servir de consuelo que casi todos los países participantes cayeran, ni que varios vecinos de la región lo hicieron peor que nosotros, pues hay excepciones notables que bien podríamos emular. Costa Rica mejoró en las tres materias evaluadas, y otras economías de ingresos medios como Turquía ahora se encuentran entre los de mejor desempeño. La prosperidad ha dejado de ser el único factor determinante en la excelencia educativa. ¿Cómo entender este descalabro? Sin duda, los efectos de la pandemia siguen resultando gravitantes, considerando que coincidió con una etapa clave del proceso educativo de los chicos evaluados, situación particularmente adversa en nuestro país debido a la suspensión total y prolongada de clases presenciales.