Hubo un tiempo no muy lejano en el que el país vivía con una economía mucho más dolarizada. Los créditos de las familias estaban dolarizados en poco menos de 30%. Cada tanto, los economistas advertían la amenaza latente de un overshooting o disparada el dólar que podría hacer añicos la capacidad de pago de los peruanos que ganaban en soles, pero que, sin embargo, se endeudaban en dólares. Pero el Banco Central de Reserva (BCR), en el centro de esas turbaciones, maduraba un plan para aminorar ese riesgo, el cambiario crediticio. Así, en el 2023 el ente monetario lanzó un esquema que conduciría a bajar la proporción de los créditos en dólares y que tenía como principales objetivos a los hipotecarios y vehiculares. En ese momento, (Tasas de crecimiento interanual) el 42% y el 78% de los saldos de estos estaban en dólares. En términos llanos, se “penalizaba a los bancos que tuvieran un elevado porcentaje de estos préstamos en dólares, con un mayor encaje en esa moneda. Es decir, de los fondos que estos captaban vía depósitos en dólares, tendrían que mantener encajados –sin poder usarlos para créditos–, en mayor proporción, en el BCR o en sus propias bóvedas.